Aquí te comparto algunas de mis recomendaciones más usadas y que de verdad me han ayudado mucho a no solo cultivar este maravilloso hábito sino también a perseverar en él.
Leamos:
1)- Sé intencional.
Habrá días en los que no te sentirás animado o tu mente estará divagando mientras lees. Aun así, haz una pausa. A veces, yo necesito poner música que levante y anime mi alma o me ayude a reenfocar mi mente en la dirección correcta. Luego, en oración, recuérdale a tu alma tu necesidad de Cristo.
2)- Reserva un momento específico del día para leer.
Elige una hora y un lugar determinado. Tenerlos de antemano te ayudará a ser constantes. Procura que ese momento y espacio estén disponibles y libre de interrupción.
3)- Utiliza herramientas.
Ten a la mano un cuaderno, lápiz o bolígrafo, marcadores y, por supuesto, tu Biblia. Si es posible, usa también otras versiones para ayudarte a comprender mejor el texto. Recuerda: las herramientas no deben distraerte de lo más importante, que es leer y meditar en la Palabra. Piensa qué cosas te ayudan a atesorar Su Palabra y úsalas.
4)- Sigue un plan de lectura.
Un plan de lectura te dará dirección y te servirá de motivación para avanzar con propósito.
5)- Sé responsable y comprometido.
Si has decidido hacer de la lectura bíblica un hábito, pídele a alguien de confianza que te pregunte cómo vas o también hazlo con alguien. Este tipo de acompañamiento no solo te ayuda a ser constante, sino que también te desafía a perseverar.
Recuerda que no estamos solos. El Espíritu Santo de Dios nos ayuda.
✨Nos leemos en una próxima entrada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario